sábado, 2 de abril de 2011

DUMAR ALJURE (EL VALIENTE)

DUMAR ALJURE (EL VALIENTE)



De los jefes alzados en armas en esos años 40 y 50, los más destatados eran, aparte de Guadalupe Salcedo, Eduardo Franco Isaza, Eliseo Velásquez, Tulio Bautista y sus cuatro hermanos, Carlos Rodríguez “el pote”, Bernardo Giraldo “el tuerto”, Rafael Sandoval “failache”, Eduardo Nossa, y muy destacadamente, Dumar Aljure “el valiente”.

En vísperas del advenimiento del régimen militar que negoció con ellos, el número de guerrilleros se calculaba en unos 3 mil, auxiliados por otras 2 mil personas entre campesinos, niños y mujeres.

Si se les preguntaba porqué estaban en combate, respondían: “Para entregar el poder al pueblo Gaitanista”.

Los sublevados tuvieron alzas y bajas en su acción contra las fuerzas gubernamentales, las que acusaron al gobierno venezolano de ayudar a los rebeldes. (Como siempre) De otro lado, si en un momento dado se produjo la ruptura entre la Dirección Nacional Liberal y los guerrilleros del Llano, éstos en cambio se comportaron como gobierno alterno al de Bogotá, con una Constitución que organizaba su propia administración de justicia y creaba leyes para el Campesinado.

En vísperas del “golpe de opinión” del general Rojas Pinilla, el movimiento subversivo expidió una ley relativa a los derechos de las gentes en general y de las mujeres en particular, y demandó que nadie quedara excluido de la toma de decisiones políticas, todo lo cual bautizó como “La Revolución de los Llanos Orientales de Colombia”.

Esa “Revolución” pretendía sustituir el “Estado dictatorial y violento” por un Estado “democrático y popular”.

Una vez llevada a cabo la llamada pacificación de Rojas Pinilla, los guerrilleros de los Llanos fueron amnistiados y la gran mayoria de ellos vilmente asesinados, al igual que quienes se alzaron en Antioquia y el Tolima. (También había habido resistencia armada en Boyacá, el antiguo Caldas, Cundinamarca, los Santanderes y el Valle del Cauca). De todas maneras, "la Violencia" significó, para quienes profundizaron en el problema, el desajuste de las instituciones fundamentales, la trasformación de las reglas en cuanto a la tenencia de la tierra y una emigración de los campos hacia las ciudades que el Estado todavía hoy no ha podido enfrentar con eficiencia.

Bueno es recordar aquí que una vez escuchadas las promesas del Jefe Supremo (Rojas Pinilla) en el sentido de brindar “Paz, Justicia y Libertad”, fueron los guerrilleros liberales quienes le pidieron perdón por los crímenes que pudieran haber cometido desde el Bogotazo; además le solicitaron incorporar a la economía nacional esas regiones donde habían combatido y conceder a los que huyeron de la persecución oficial, la seguridad de que no serían objeto de represalias, sosa que no sucedio, sino por el contrario muchos de ellos fueron muertos en circunstancias no muy claras.

En el fondo se trataba de brindar los mismos derechos a todos los Colombianos. El gobierno militar pactó con quienes anunciaron que se acogían a la vida civil y conminó a aquéllos que persistían en la rebelión para que depusieran las armas. Pero la desmovilización no resultó fácil, a pesar de que la propaganda oficial la presentó de modo triunfalista.


Dumar Aljure (Centro) Guadalupe Salcedo (Izq)

Dumar Aljure, jefe insurgente (El Valiente) sus padres eran de origen libanés, y comandante de la guerrilla del Llano, en Upía. Era un hombre esbelto y moreno, con la mirada penetrante, varonil y autoritaria que demostraba coraje y hombria.

1952. Dumar Aljure, comandante de la guerrilla del Llano, en Upía, imparte instrucciones a sus oficiales.

Comandante Guadalupe Salcedo

Comandante Camilo Torres

Comandandte Victor Medina

Carta escrita por los comandos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, de los Llanos Orientales, el 8 de septiembre de 1953, al presidente Rojas Pinilla, en la que expresan su “determinación sincera y espontánea de deponer las armas con decoro”.

Firman:
José Guadalupe Salcedo, Jorge Enrique González, Humberto Paredes, Dumar Aljure, Rafael Calderón, Marco A. Torres, José Raúl Mogollón, Ignacio González, Marco A. Parra, Laurentino Rodríguez, Jorge Chaparro, Adán Chaparro, José Vicente Perilla, Jesús Feliciano, Antonio María Rincón, representante del pueblo civil, Carlos Neira Rodríguez, representante del pueblo civil, Maximiliano Ortega, Marco A. Torres, Miguel Trujillo. Aparece en blanco la firma de Eduardo Fonseca Galán, quien se encontraba en Bogotá en el momento de suscribirse la Carta.

Todos ellos, o la gran mayoria fueron asesinados de manera selectiva por los organos represivos del Gobierno de turno. Hechos que por desgracia se han borrado de la memoria historica del Pueblo, igual sucedera con los mas recientes...
 
En la foto el general Alfredo Duarte Blum, y los comandantes guerrilleros Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure.

1953. Creyendo que habia llegado la Paz, los Jefes de la guerrilla liberal del Llano aceptan el llamado del presidente Rojas Pinilla.

Narrativa del corresponsal:
Bogotá, septiembre 14 (AFP)
Acabo de asistir a un espectáculo que sólo se ve una vez en la vida: vi, en un rincón situado en el corazón de la enorme llanura que se extiende al oriente colombiano, un ejército “fuera de la ley” armado de fusiles, los más variados, inclusive grases del siglo pasado, vestidos sus componentes con las más abigarradas indumentarias, a veces sin camisa, descalzos y casi todos desdentados, puestos en guardia, haciendo el saludo militar, deponer sus armas y recibir el abrazo del general Duarte Blum, comandante en jefe de las fuerzas armadas Colombianas.

Vi entre los guerrilleros a niños aún blandiendo enormes cuchillos y exhibiendo sus mejillas con cicatrices impresionantes. La escena tuvo lugar en el sitio llamado Cantaclaro, cerca de San Martín, en los Llanos Orientales, en donde la paz ha tornado después de casi cuatro años de guerra, la más sangrienta que esta parte del mundo haya visto después de las guerrillas mexicanas de Pancho Villa.

En las dependencias de una finca abandonada por sus habitantes, el alto comando había hecho levantar mesas e instalar la oficina provisional en donde se iban a distribuir salvoconductos que permitieran deambular libremente a esos hombres que, por espacio de largos años de aventura, había vivido al abrigo de regiones inexploradas.

El general Alfredo Duarte Blum , uno de los oficiales más inteligentes y más humanos que el presidente Teniente General Gustavo Rojas Pinilla cuenta entre sus colaboradores, llegó allá justo con su Estado Mayor. Eran las 14:05 locales y el sol del trópico ardía terriblemente cuando vi salir de uno de tantos caminos un espectáculo asombroso: vi al primer guerrillero que hizo su entrada. Llevaba un gorro rojo escarlata adornado de cintas con los colores de la bandera de Colombia. Lo seguía un joven que llevaba también un gorro escarlata y un chal rojo sangre que le caía hasta las rodillas.

Tras ellos avanzaba un hombrecito encorvado que llevaba un casco de acero alemán de la primera guerra mundial. Luego venían más de cien guerrilleros del grupo de Dumar Aljure, jefe insurgente de origen libanés. Ciento treinta y dos hombres en pingajos, con pantalones militares remendados y de todo color, gorros y sombreros desgarrados y todos descalzos, desfilaron al paso de ganso ante el general Duarte Blum, cuadrándose, formados en parada impecable, del lado izquierdo del campo preparado para la ceremonia.

Los últimos en entrar fueron seis niños, el más joven de los cuales, un muchacho rubio de mirada torva y con la mejilla señalada por una roja cicatriz, hacía todo lo posible para mantener un aire de marcialidad. No obstante, cuando creía que nadie reparaba en él, asía la mano de su vecino de más edad, el cual sólo tenía siete años... A continuación, Dumar Aljure, hombre esbelto y moreno, con la mirada penetrante, varonil y autoritaria, pasó revista a sus tropas; volvió sobre sus talones, hizo el saludo militar ante el general Duarte Blum, y dijo: “Mi general, los guerrilleros del grupo de Aljure se os presentan”. Al mismo tiempo y del otro costado, un hombre se adelantó y dijo: “Mi general: los guerrilleros conservadores de la paz de la región de San Martín se presentan a vos”.

El general pasó revista a las dos tropas, estrechó la mano y abrazó a todos y cada uno; habló largo rato con el pequeño guerrillero de siete años, el cual se sonrojó; luego, dirigiéndose a los unos y a los otros, el general Duarte dijo:

“La lucha ha terminado. Todos somos Colombianos. Debemos olvidar y perdonar a nuestros enemigos y todos de acuerdo debemos trabajar en la reconstrucción de nuestro país”. Una vez más los guerrilleros presentaron las armas: los que sólo tenía revólveres y conservaban las manos libres aplaudieron, mientras los más jóvenes, con las manos sobre las costuras del pantalón, dieron un salto en su lugar. Aljure, el jefe de las guerrillas liberales, pasó al lado ocupado por sus enemigos conservadores de la víspera y les estrechó la mano.

Entrega de las armas:
El momento crucial de la ceremonia había llegado: uno tras otro los insurgentes desfilaron ante las mesas, recibieron sus salvoconductos y entregaron a los oficiales sus fusiles, sus ametralladoras y sus revólveres. Todos parecían menos conmovidos de lo que se hubiera podido suponer porque, más allá de las armas de que se habían servido durante largo tiempo para matar como para defenderse, entreverían el porvenir: en efecto, del sitio en donde depusieron sus armas pasaron a un patio en donde se les dio vestimenta completa, alimentos y un utensilio de trabajo. En el patio de la finca el general Duarte me mostró las armas y cartucheras que acababan de deponer los guerrilleros: al lado de fusiles y ametralladoras americanas de último modelo, se erguía una torcida, larga y solitaria carabina de fabricación belga de la fábrica nacional de Lieja, cuya culata estaba atada al cañón por medio de alambre.

Entre las municiones de último modelo se encontraban grandes balas francesas, grases cargados con pólvora negra, los cuales, dijo el general, fueron importados a Colombia hacia fines del siglo pasado. Se cree que al terminar la Guerra de los Mil Días fueron colocados en lugar seguro por los abuelos de los guerrilleros que más tarde los utilizaron.

Esta historia aun continua.....

3 comentarios:

Milton Cogollo dijo...

Para estos valientes guerreros y líderes Colombianos es un deshonor llamarlos Bolivarianos. Bolivar fué el mas cobarde de los cobardes. Y estos no tenían nada de eso. Si no lo creen lean historia... En todos los combates Bolivar solo mandava escondido, muchas veces rezandole a los santos o llorando. Los valientes eran otros... Asi que a Dumar Aljure, Guadalupe Salcedo, el tuerto Giraldo y los demas no me los llame Bolivarianos ... Fuera Bolivar....

Atte

El Gabiero ("Seguidor de Gabo")

Joreandro_s.e dijo...

AMIGO BOLIVAR ERA ESTRATEGA!! Y LIDER!!! RICO DE CUNA Y HUMILDE! ES ASI DE SIMPLE COMO JEFE DE PELOTONES, NO VISTES PELICULAS COMO TROYA GUERRAS ROMANAS!!

Anónimo dijo...

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