lunes, 31 de agosto de 2009

EL ARCO IRIS.


EL ARCO IRIS. Enviado por: Jenny Alexandra
Un día siendo casi de madrugada me sorprendió ver en el piso de la cocina en nuestro apartamento una mancha o reflejo multicolor que brillaba como si fuera un arco iris, lo increíble de todo es que no había ningún tipo de cristal u objeto en esa área que pudiera reflejar esos hermosos colores en el piso, revise varias veces todo lo que allí había y no descubrí nada que pudiera indicar que algo estaba generando lo que veía.
Sus colores eran muy hermosos pero no se podían ver desde arriba para abajo sino solo al estar parado a unos metros de donde estaba el reflejo, de prisa tome tres fotos y luego de eso la imagen desapareció como por arte de magia generando en mi mas asombro.
Tal hecho lo comente con varias de mis amistades, luego recibí mucha documentación relacionada con lo que había visto, pero solo una lleno mis espectativas y es la que les presento a continuación:
EL ARCO IRIS
La humanidad había fracasado. Después de 1656 años de creado el género humano, responsable de toda la creación, se llegó a un punto de corrupción tal que su fin se volvió irreversible. Los seres humanos habían tenido hasta entonces una situación muy cómoda y un clima perpetuamente primaveral. Dios decretó su destrucción, previamente advirtiéndoles sobre el fin que se acercaba progresivamente, agonizando la humanidad las consecuencias del mal que se había instalado en el poder.
Una vez que concluyó el diluvio, Dios modificó el entorno en el cual iba a desarrollarse la “nueva” humanidad desde ese momento en adelante. Se acortó el período de vida para los hombres, Y habían de experimentar los cambios de las estaciones anuales. Para educar al ser humano, Dios tomó otras medidas y pactó nunca más exterminarla del modo en que lo había hecho en el diluvio. Como señal de esta determinación, nos dedicó el arco iris.
R. Iosef Albo, autor del Sefer haIkarim (libro de los fundamentos), explica que Dios es comparado frecuentemente con la luz, denominado OR Israel (la luz de Israel), y permite que Su Rostro se ilumine hacia nosotros (en la bendición de los Cohanim). Esta alegoría significa que del mismo modo en que la luz no puede ser negada a pesar de no ser una sustancia material y que la esencia de la luminosidad sea enigmática e insondable, así tampoco se puede contradecir la Existencia de Dios, a pesar que Dios no se pueda describir con la materia y ser Su esencia inexplicable para el raciocinio humano.
A partir de esta explicación, sigue exponiendo el significado del versículo que está en la descripción de Masasé Merkavá (“Visión del Carro Di-vino”) en el primer capítulo de Iejezkel (1:28): “Así como el aspecto del arco iris que está sobre la nube el día de lluvia así también es la apariencia del resplandor alrededor.
Aquel fue el aspecto de la semblanza de la Gloria del Eterno”. Esto quiere decir que del mismo modo en que los colores del Arco Iris no son materiales – dado que el color no está dentro de las minúsculas gotas de lluvia – sino que solo se muestran como tales al ojo humano, así también todos los atributos con los cuales Dios se manifiesta al ser humano no son cualidades inmanentes de Dios, sino que los modos en que nosotros Lo podemos percibir, mientras que Su Esencia permanece inexplotable.
De esa manera se entiende también lo que dice el Talmud (Jaguigá 16.), que “aquel que observa el Arco Iris, sus ojos son débiles”, se refiere a que está contemplando algo que en la realidad concreta no está...
Si bien el arco iris es producto de la impresión visual causada por la luz fraccionada al atravesar un prisma y ya existió (según muchas opiniones) antes del diluvio, Dios lo eligió para que sirviera como recordatorio - para nosotros - que no somos destruidos por culpa de nuestros actos deficientes solo por el hecho que Dios así lo prometió. A raíz de esta situación se señala que en las épocas de ciertos tzadikim no apareció el arco iris en el firmamento (Rash, Bereshit 9:12).
Los colores del arco iris corren desde el rojo hasta el celeste/violeta (Tejelet), es decir, desde lo más terrenal - el rojo – cuya luz es la menos desarticulada dentro de la gama de colores - hasta el Tejelet que es el color que se agrega a uno de los hilos del Tzitzit (hoy en día, carecemos del conocimiento acerca de cuál es la criatura acuática de la cual se debe extraer la tintura para teñir los flecos del Tzitzit, por lo cual observamos solamente el resto de la Mitzvá, es decir, el Tzitzit sin flecos violetas).
Por más sombrío y tenebroso (al igual que el día densamente nublado) que pudiera parecer el futuro de la humanidad, Dios la guiará hacia su objetivo existencial, pues Su Merced y Gracia siempre están presentes (R. Sh. R. Hirsch). Asimismo, Dios se manifiesta y se vincula a través de toda la gama de seres humanos – por distintos y variados que sean.
El color rojo – que se parece a la sangre - lo encontramos en la comida que deseó Eisav, hermano de Ia’acov, quien optó por el aspecto carnal, material y terrenal de la vida, en lugar de una conducta espiritual (Bereshit 25:30). Asimismo, la vaca roja con cuya ceniza mezclada con agua de manantial se purifica a los impuros, es una vaca que “nunca llevó sobre sí un yugo” (que equivale a la falta de asumir responsabilidad). (Bamidbar 19:2)
Por otro lado, la Torá nos dice que al ver los Tzitzit suspendidos de nuestras prendas, “recordaremos todos los preceptos ordenados por el Todopoderoso y los obedeceremos”.
¿Cómo sucede esto? Los Sabios nos enseñan que el tono del Tejelet se parece al reflejo del mar y éste se asemeja a la imagen del firmamento. Este, a su vez, se iguala al Trono Celestial (Talmud Menajot 43). De esta manera, al vestir el Talit, la persona tiene presente a su Creador y, por consiguiente, recuerda todas sus obligaciones corrigiendo así su modo de vida.
Ahora bien. Ud. se puede preguntar porqué uno ve el color celeste o violeta en distintos materiales, y, sin embargo, no le produce este efecto. La posible respuesta radica en que el resultado del que habla el Talmud no es una indefectible consecuencia milagrosa.
Para que el color celeste le recuerde la Omnipresencia del Todopoderoso, debe existir previamente el deseo interno de la persona de estar cerca de Dios. Si así ocurriera, entonces todo elemento que tuviese aun una semblanza remota con Dios, le haría recordarlo...
La forma (arqueada hacia el cielo) que Dios le dio al arco iris, señala el voluntad de Dios en que nunca más la humanidad deba ser castigada. A diferencia de la percepción que tienen algunos de cómo se entiende a Dios, la Torá claramente muestra como Dios no desea que el ser humano sufra. Si este se merece experimentar padecimientos, esto es solamente el fruto de su propia conducta.
La Mishná en Pirké Avot (5:9), dice que diez elementos fueron creados el sexto día de la Creación al atardecer (en el momento de transición entre los seis días de la Creación física y el primer Shabbat).
Todos estos integrantes de la Creación son factores del mundo físico, pero su propósito se asemeja más al del Shabbat: su función corresponde a entrenar al ser humano en su destino moral. Uno de aquellos elementos es el arco iris.
Vimos, entonces, que más que algo estético o hermoso en colores, el arco iris, como “todo lo que Dios creó correcto en su debido momento” (Kohelet 3:11) cumple su rol por su forma y los colores que posee.